VUELTABAJO DENTRO DE LA CONCEPCIÓN MARTIANA DE LA GUERRA NECESARIA. FOCOS CONSPIRATIVOS.

Durante los preparativos para la Guerra Necesaria, José Martí prestó atención esmerada a la posibilidad de organizar movimientos conspirativos en Vueltabajo a fin de lograr –llegado el momento- el levantamiento general en la isla contra el régimen despótico impuesto por  España.

     Para entonces, la patriota pinareña Isabel Rubio y Díaz, delegada del Partido Revolucionario Cubano (PRC) en Pinar del Río, estableció en Paso Real de Guane un bien estructurado núcleo que llegó a ser el alma de quienes conspiraban contra el poder colonial en el extremo occidental de la isla: Alejandro Rubio, César Díaz Gómez y Manuel Lazo, en los Remates de Guane; Narciso Camejo y Baldomero Pimienta en la Grifa; José A. Ríos y Pérez, Antonio Rodríguez y Luís Iduate en el Narajo; Rafael  Báster, los hermanos Leopoldo y Luís Pérez junto a Lorenzo Guerra en San Juan y Martínez.

      A partir de 1882, Isabel Rubio comenzó a viajar con frecuencia a Cayo Hueso para coordinar con los líderes de la Revolución los pasos a seguir en la apartada región. En 1889, después de una entrevista sostenida entre la patriota vueltabajera y el general Antonio Maceo en la Habana, los quehaceres conspirativos del núcleo de Paso Real de Guane se redoblaron y cobraron nuevos bríos a fines de  1892, cuando regresó de España el doctor Modesto Gómez Rubio, hijo de la ilustre patriota.

     En 1894 Gerardo Castellano llegó a Pinar del Río y se presentó como emisario de Martí en un encuentro con los representantes de varios grupos de conspiradores. En la villa capital de la provincia hizo contacto también con Leandro González Alcorta, periodista español y revolucionario. Después regresó a los Estados Unidos con la satisfacción de que en Pinar del Río, aunque primaba el sentimiento pro español, la Revolución contaba con no pocos adeptos bien organizados y prestos a iniciar la lucha.

      En Mantua, las actividades revolucionarias de Isabel Rubio y demás patriotas vueltabajeros no eran ajenas a un número de hombres que también se aprestaban a ofrecer su concurso para edificar la patria. Desde la Guerra de los Diez Años continuaba latente un foco conspirativo en la casa de Eusebio Zayas, enclavada en la finca Cayo Largo. A él pertenecían los hombres preparados por Enrique Dámaso Rubio y Díaz, hermano de Isabel, para el fallido intento de alzamiento del 24 de diciembre de 1868. Zayas había salido de prisión en 1879, luego de diez años de duro cautiverio y regresó a su tierra natal para continuar su labor conspirativa.

     Otro grupo encabezado por el joven Maximiliano Quintana Silva, realizaba sus actividades revolucionarias en absoluto secreto, en el barrio periférico el Ocuje, al norte de Mantua.

     Como enlace de estos focos con el núcleo de Paso Real de Guane, fungía el mantuano Manuel Labastida, uno de los más activos colaboradores de Isabel Rubio, junto a Policarpo Fajardo, Ramón Vidal, Francisco Rivera y José de los Santos Estévez.

     Al comienzo de la guerra, el 24 de febrero de 1895, el PRC mantenía los contactos en Paso Real de Guane, Pinar del Río, Bahía Honda, Cabañas, Mariel, Artemisa, Candelaria, San Cristóbal y Consolación del Sur.

     Inicialmente  la orden fue de alzamiento simultáneo, pero con posterioridad se hizo evidente que Pinar del Río debía aguardar a que la revolución se consolidara en el oriente del país. Pero la contraorden no llegó a tiempo y tuvieron lugar levantamientos armados en la Ceniza, municipio de Pinar del Río, la Grifa y la Casita (Guane) y la Capitana (San Juan y Martínez). En los lugares donde los complotados no lograron dispersarse a tiempo, las autoridades españolas lograron hacer numerosas detenciones y desatar una feroz represión.

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