El viejo Francisco, era conocido en el poblado Los Arroyos por sus relatos, para los cuales siempre hallaba el momento oportuno, historias que al escucharlas no se las creía ni el más ingenuo del pueblo.
Como todo pueblo alejado de la urbe los momentos de ocio lo ocupaban las canturias, muy común en nuestros campos, pero no todos a abrazaban esta tradición, lo más jóvenes optaban por dirigirse a casa de Pancho para deleitarse de sus cuentos donde corsarios y piratas eran los protagonistas, solo bastaba una pregunta:
¿Hay algo nuevo Pancho?
A lo que respondía: ¡Siempre hay algo!
Cuentan que fue un hombre humilde siempre dispuesto a ayudar a los demás, acciones que le hicieron ganar el respeto y la admiración de sus coterráneos; pero tenia un defecto, si de mentiras se trataba…no había quien le ganara .
Así era nuestro personaje una mezcla de pinocho (celebre marioneta de madera) y Esopo (escritor de fábulas), quien se gano el agraciado mote de Pancho Tabaco
Recuerdo que a la muerte de mi abuelo llego a la habana hora después del entierro agitado y con dos maletas exclamado:
¡Llegue tarde porque estaba repartiendo juguetes a los niños de los Arroyos y para colmo comenzó a nevar en el aeropuerto y el avión salio con atraso!
Al escuchar sus palabras, todos se miraron asombrados con la boca abierta a punto de soltar una carcajada, en ese momento con apenas 8 años, no entendía porque aquellos rostros; años después conocí que en los Arroyos nunca hubo aeropuerto y de la nieve qué puedo decir …
A su muerte, cientos de Mantuanos asistieron al entierro, despidiendo así, al último cuentero de los Arroyos.
Si en alguna ocasión nos visita…no venga con mentiras…pues escucharas decir:
¡Ha vuelto Pancho Tabaco!