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La Carretera: visión de un mundo. 
por: Lic. Lázaro Boza Boza
Un mundo sombrío y agonizante, lleno de cenizas y restos de lo que fuera la civilización es el escenario del filme, La carretera, del director australiano John Hillcoat, puesto en la pequeña pantalla el pasado 26 de junio y más recientemente, en retransmisión por el canal Cuba Visión.
Basado en la novela homónima con la que Cormac McCarthy ganara un Pulitzer en el 2007, el filme toca el tema de la destrucción del planeta, este vez desde la perspectiva de las relaciones humanas.
Los personajes principales, no tienen nombre, solo los conocemos por Padre e hijo; ambos emprenden un viaje hacia el sur con el objetivo de encontrar un lugar seguro junto al océano donde comenzar una vida nueva lejos de lugares peligrosos y estériles donde los pocos seres humanos que aun resisten tan brutal impacto se han convertido en bárbaros y caníbales.
En la medida en que transcurre la trama nos vamos apropiando de todos los miedos, ansiedades y preocupaciones de los personajes hasta hacer propios su lucha diaria por subsistir: su eterna hambruna perenne y sus duras pero comprensibles decisiones ante la perspectiva de convertirse en alimento de sus semejantes.
El pasado no se revela con detalles; una bomba nuclear, una catástrofe natural, un desastre ecológico que sumió al planeta en una muerte lenta e inexorable. El presente, es solo eso: colores grises, contaminación y la inmensa tristeza de la vida que escapa; el futuro lo conforman la nada o la esperanza de que el hombre pueda redimirse por sus acciones.
Los resortes más explotados por Hillcoat lo constituyen la capacidad del niño para, desde su candidez, reconocer el bien sobre el mal y la necesidad de mantener la condición humana, aun en la mayor de las desgracias. El padre, enfermo, quizás producto a las mismas causas que exterminaran al planeta, imbuido de un amor sin límites que lo lleva a luchar por la vida del hijo para salvarlo de tanto horror y legarle algún lugar donde pueda vivir luego que él muera. Sin dudas, como lo han calificado algunas publicaciones críticas, un “duro lirismo tenebroso” matizado en oportunidades por el recuerdo en flashback de la madre que en su momento no pudo soportar la realidad, y es – como dicen- “ uno de los pocos momentos de luz en ese páramo maloliente y gris”.
Quizás las mayores enseñanzas de esta cinta se deriven de las ideas expresadas por Viggo Mortensen, actor que interpreta el personaje del padre del chico:
La primera:
"Cuando vi la película por primera vez terminada, me emocionó. Me hizo sentir triste, pero al final te deja un poco de extraña alegría. Hace que aprecies lo que tienes y mires la vida de otra manera"
La segunda:
“En la novela, como en la película, que es bastante fiel, se quiere dar la idea de que el "Hombre bueno" se define por sus elecciones. Elegir por el amor, o por el odio. Todos podemos hacer cosas buenas o malas, dependiendo del momento en que debamos tomar la decisión para seguir adelante"
Con atractiva fotografía, una calidad de edición a toda prueba y excelentes actuaciones, en particular la del niño, Kodi Smith- McPhee, el filme se sale de los clásicos catastrofismos para darnos una visión estremecedora de un mundo no muy lejano del que nos separan una decena más de acciones irresponsables de aquellos que no se han detenido a pensar por un instante en el hecho cierto de que también serán víctimas del mismo escenario.
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