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Los desconocidos antecedentes del camping en Mantua 
por: Gerardo Abreu Ríos.
La imagen fotográfica tiene las características del buen vino: mientras más añejo mas nos embriaga de nostalgias, nos hace sonreír o escuece en las pupilas.
Recientemente, en casa de un viejo amigo, recordé instantes de la adolescencia, relativamente lejanos en el tiempo, pero que al evocarlos nos hicieron sentir un joven de nuevo.
La foto representaba a un grupo de hombres maduros y jóvenes (yo entre ellos) a las orillas de una corriente de agua y teniendo como fondo una exuberante vegetación propia de las imágenes de nuestros ríos; inmediatamente identifique el lugar: “Las Colinas de Caracoles” próxima a Las “Tumbas de Estornino” donde el Lugar Teniente General Antonio Maceo librara una de las mas sangrientas batallas contra el Ejercito Español en el territorio mantuano.
Identifique también a quienes integraban el cuadro fotográfico, unos ya desaparecidos, otros lejanos, los más, viejos paisanos y amigos.
¿La actividad que realizábamos?
¡Un Campismo!
Claro, en aquella época desconocíamos el término y aunque lo practicábamos anualmente, siempre en la misma etapa del ano no teníamos una concepción tan amplia del campismo como hoy día.
Más tarde reflexionando sobre el particular formule algunas interrogantes: ¿Se ha mantenido la tradición de los campismos del grupo que visita las colinas?
¿Participaran aun en ella los viejos conocidos de la fotografía?
¿No constituiría el grupo de los colineros, como solíamos llamarle, un histórico antecedente del campismo en la provincia pinareña?
Al comunicarle mis inquietudes a un destacado historiador de la localidad, me sugirió que esta ultima incógnita
podía ser el punto de partida de un trabajo investigativo sobre las raíces del campismo popular en el territorio.
Después de varios días de recopilar datos e informaciones aisladas, logramos reunirnos con la mayoría de los campistas en casa de uno de ellos, y he aquí una síntesis de nuestro trabajo.
Desde los primeros años del siglo pasado varios grupos de jóvenes, campesinos en su mayoría, establecían sus campamentos en las orillas del río Mantua, muy cerca de su nacimiento, durante la época del año en que finalizaban las labores de la cosecha tabacalera, permaneciendo durante una semana (de domingo a domingo) en contacto directo con la naturaleza.
Felipe Valdés; conocido cariñosamente por el mago, con sus 71 años acuestas, nos dice que hacen alrredor de 60 años que el asiste casi de forma ininterrumpida, anualmente, en el mes de abril a las colinas y que una de las actividades que realizaban, junto a las distintas formas de esparcimiento, era recoger yaguas de palma, con vistas a utilizarlas en el beneficio del tabaco, y para la cubierta superior de techos de viviendas y otras construcciones; el llamado caballete. Que cuando el comenzó a practicar esta actividad, ya habían otros que también hacían lo mismo desde muchos años antes.
Luís Miranda, septuagenario también, afirma que con apenas 12 años ya el se incorporo a uno de los grupos, desde entonces asiste sistemáticamente a las acampadas de las colinas “al finalizar la cosecha nos ponemos de acuerdo y entre todos aportamos los comestibles y a uno del grupo le corresponde cada año poner un puerco que se sacrifica en el campamento”
Los colineros, como se auto se autodenominan, han levantado una vivienda rústica, con las características típicas de las construcciones de nuestros campos, que utilizan para pernoctar; la cocina colectiva se improvisa al aire libre, debajo de un abundante montón de cañas bravas.
El grupo de campistas desarrolla actividades tradicionales tales como: carreras de sortijas, carreras de caballos, encuentro de domino, el palo encebado así como competencias de natación, exploración y escalamiento, también han brindado su aporte voluntario a tareas productivas de la zona propias de época del año. En el lugar se pueden degustar los más variados platos del arte culinario y gustosos e insustituibles dulces que hasta el Tocororo, el Arriero y el Sinsonte se embriagan con los olores que por ese tiempo se desprenden en el campamento.
Arnulfo Piñero, uno de los colineros mas entusiastas, peculiar maestro de cocina en el grupo, señala que en toda la historia de esta tradición, nunca se han producido accidentes, ni a sus integrante ni que afecten al entorno forestal, y que ello se debe a la disciplina interna del colectivo y al celo y cuidado que despliegan con respecto a la flora y la fauna.
Nuestro grupo reprueba la actividad de algunos inconscientes que se convierten en enemigos del desarrollo de la naturaleza con prácticas ilegales de caza, afirma categórico.
Precisamente fuimos testigos de una hermosa iniciativa surgida en el seno de los colineros: la creación de un club de amigos de la naturaleza, que aporta sus enseñanzas y experiencias a la más joven generación, a la vez que se le educa se le transmite la tradición vigente, para que se mantenga como acervo indentitario del mantuano.
“Mantendremos viva esta manifestación propia de nuestra cultura, esperamos que los organismos competentes continúen apoyando la actividad como el más antiguo grupo de campista del territorio y nos atrevemos afirmar que también lo somos de la provincia y la nación” concluyeron los colineros.
Quienes compartimos entre ellos de forma tan amena, entre anécdotas y vivencias, no dudamos que con el apoyo adecuado, continuaran su ya histórica y sana tradición, porque la juventud todo lo puede; y aunque la mayoría peina canas son jóvenes porque ser excursionista es ser joven.
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