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¡Ñooo…! 
por: Félix Pacheco Serradé
Avanzaba Vento con una prisa desenfadada y el extremo sigilo de que alguien le robara unos segundos de su “cronometrado” tiempo. ¡Al fin!, la llave en la cerradura… Nadie en casa, mucho mejor-se dijo; con la prisa de un galgo que se lanza sobre una liebre: ¡El baño!
Apenas se sienta, suena el teléfono - ¡que se reviente!, ahora no puedo. Tocan a la puerta con insistencia –lo siento, ¡imposible!
A pesar de la justificación que le atribuía a su proceder, no podía evitar el estado de desesperación y estrés provocado por el timbre del teléfono y el de la puerta sonando insistentemente; pero para colmo, desde la calle se escucha un grito aterrador: - ¡Candelaaa!
Se erizó completo, no había otra alternativa, con un esfuerzo sobrehumano corre y al pasar cerca del teléfono lo toma con rapidez: un equivocado; sigue hacia la puerta, la abre y: ve que ya se aleja un trabajador de la campaña contra el Aedes aegipty; y… ¡lo que faltaba!, frente a su casa un señor ya mayor le dice a otro que andaba en bicicleta: -¡Candela, qué tiempo hacía que no te veía!
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