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Reformas y demandas en Mantua 1866 -1872. 
por: Enrique Pertierra Serra
A principios de l866, fueron celebradas en Cuba elecciones para nombrar los representativos de la colonia ante la junta en España. En aquella oportunidad, el triunfo recayó sobre los connotados reformistas como José Morales Lemus, el Conde de Pozos Dulces y José Antonio Saco, entre otros.
El programa pedía a la metrópoli reformas arancelarias - Libertad de comercio-; abolición de la esclavitud, gradualmente y mediante indemnización del gobierno español, disminución de hasta un 6 % de impuestos sobre las rentas y representación política en el Congreso de España.
El 30 de Octubre de l866 se dio inicio en Madrid a las deliberaciones. Las sesiones se prolongaron hasta abril de l867 y sus resultados constituyeron una derrota para los reformistas, pues los impuestos lejos de bajar a un 6 % ascendieron hasta un l0 %, fue denegada la libertad de comercio, permaneció inalterable el derecho de aduana y el sistema esclavista. La crisis económica se agudizo en toda la isla.
En Mantua, el presupuesto ordinario para el año l868-69, aprobado por el cabildo el 3 de Abril de l868, presento un déficit de ll 65l escudos y nada pudo hacerse en los siguientes ocho meses para atenuar la situación, incluso, durante el análisis del presupuesto de l869-l870, efectuado el 2l de Mayo de l869, se corroboró la imposibilidad de dar solución a este problema, aun para el primer año del decenio entrante.
Tratando de paliar la situación, el 2 de Julio de 1869 el Cabildo Mantuano propuso al gobierno superior civil la supresión de la guardia organizada como policía rural -a pesar del estado de guerra existente-, el servicio de médicos vacunadores y los fondos destinados al alumbrado público del pueblo de Mantua.
En medio de aquella agudísima crisis económica, se celebraron el 7 de Noviembre, las elecciones de 1869. La mayoría de los sufragios recayó en las figuras de Salvador Lluch, Antonio de Quintana, Diego A. Gutiérrez y Justo Argudin, nombrados finalmente alcalde y concejales, mediante resolución del gobierno superior civil, emitida el 9 de diciembre. El cambio del personal administrativo del ayuntamiento, se había llevado a cabo con anterioridad a raíz de la muerte del secretario municipal José María Padilla, cuyo cargo había ocupado, desde el 31 de Agosto, Juan Antonio Cagiguas.
El 6 de enero de 1870, tomó posesión como segundo alcalde de Mantua, Salvador Lluch y Roune, nacido en Canet del Mar, Cataluña, el 6 de febrero de 1797. En 1810, había abandonado España en compañía de su padre, el contramaestre del buque mercante que los condujo a Veracruz, donde permaneció por espacio de tres años hasta su partida hacia la Habana. De la villa capital vino a vivir definitivamente a Mantua, desempeñándose como capitán pedáneo, subdelegado de marina y regidor.
“Resultó, no solo un excelente funcionario en cada caso __opinaba de él Emeterio Santovenia__, sino también un contribuyente entusiasta y eficaz, por su arraigo, posición económica y buen deseo, al progreso mantuano en sus manifestaciones comercial, agrícola e industrial. Tuvo en el desempeño de cargos públicos, disposiciones ingeniosas. A las rencillas que conturbaban a los vegueros de Montezuelo, cuando aun este valle se hallaba en el periodo inicial del cultivo del tabaco, puso termino [...], fijando con cuidado los linderos de cada cual y ordenando fueran sembrados de plátanos, cuyo disfrute correspondería proporcionalmente a los vecinos que así dividían sus predios .”.
Las sillas de regidores fueron ocupadas por Argudin y Quintana y la de síndico por el asturiano Antonio Pulido, Rodríguez, nacido en 1828.
No se sabe si fue Lluch o alguno de sus súbditos quien tuvo la brillante idea de que cada miembro del cabildo usara a guisa de distintivo una medalla de plata con el busto de la Virgen de las Nieves, patrona de Mantua, en el anverso y el escudo de España con la inscripción “Ilustre Ayuntamiento de Mantua” en el reverso. El 10 de junio de 1870 se acordó adquirir las medallas y en el acta de adquisición, se consignó que cada distintivo era propiedad del Ayuntamiento y no de sus portadores puesto que los gastos habían sido sufragados con dinero extraído de las arcas del cabildo. Lo que si se sabe con certeza es que, con el paso del tiempo, las medallas fueron desapareciendo si dejar huellas.
Desde el comienzo de su mandato, Lluch demostró tener ciertas habilidades políticas al proceder con destreza a solucionar el agudo problema causado por el decreto del capitán general Caballero de Rodas, emitido el 10 de octubre de 1870 en el que se instruía la creación de una Junta Municipal en Guane y otra en Consolación del Norte de la cual dependería el antiguo partido de Baja. Las eficaces gestiones emprendidas por el alcalde Lluch dieron como resultado que fuera aceptada la devolución de Baja al territorio mantuano y se permitiera además que tanto Guane como Baja pudieran estar representados con sus respectivos concejales en el Ayuntamiento de Mantua.
El 28 de Enero de 1871, se efectuaron elecciones para regidores. Salvador Aulet, Pedro Asco, José Ignacio de Urquiola y Simón Docal alcanzaron la mayoría de los votos y fueron nombrados por el Gobierno Superior Civil.
La situación financiera del ayuntamiento continuaba siendo precaria hasta el punto de no disponerse de fondos para emplear un funcionario encargado de las cuestiones concernientes a la educación en el territorio. Pero el 17 de febrero, en la reunión ordinaria del cabildo, a uno de sus miembros se le ocurrió poner fin al asunto a través de una solución salomónica: propuso delegar en una sola persona y por un solo salario ocupaciones tan incompatibles como la instrucción pública y el sacrificio de reses. Se llegó a consenso, acordándose además, que la doble labor seria desempeñada periódicamente por uno de los miembros del consistorio, aún cuando este no estuviera preparado profesionalmente. Antonio de Quintana y Bernaola se hizo cargo de los menesteres de la educación y el sacrificio de ganado mayor desde febrero hasta julio. Lo sustituyó el también concejal Salvador Aulet, quien en lo adelante se desempeñaría en forma permanente para –según el criterio de los miembros del cabildo – alcanzar mayor regularidad y eficacia.
Dos años mas tarde, la situación financiera del cabildo de Mantua comenzó a experimentar un lento giro a su favor cuando por resolución adoptada por el Gobierno Superior Civil el 3 de mayo de 1873 le fue conferido un presupuesto adicional de dos escuelas públicas teniendo en consideración que en el pueblo de Mantua vivían ya 657 personas. Doscientos cincuenta pesos estaban destinados al alquiler de cada local, 150 a la compra del material escolar y 600 al salario anual de los maestros.
A mediados de 1873, el ayuntamiento compró a Simón Fors y Espriú tres fincas urbanas situadas en la calle Iglesia, a un precio de 4 000 duros extraídos de sus propias arcas, con la finalidad de edificar allí las dos escuelas y la casa consistorial. El presupuesto del ayuntamiento había podido engrosarse gracias a las gestiones hechas por la administración municipal casi desde su creación, para establecer un impuesto de quinientas milésimas sobre cada tercio de tabaco salido de la región con el objetivo de atenuar el déficit presupuestario que anualmente afectaba las obras de beneficio social.
Si bien la administración mantuana había logrado, no si recelos del gobierno general de la isla, la aprobación de su justa demanda, los esfuerzos y el tiempo invertidos en lograr aquel empeño se excedieron sobremanera. El 28 de Junio de 1867 tomó el cabildo mantuano el primer acuerdo para su aprobación por las autoridades metropolitanas y solo obtuvo su autorización el 25 de Septiembre de 1871, o sea, casi 4 años después. Entre las razones aludidas por los mantuanos figuraban las concesiones en ese sentido, otorgada por los ayuntamientos de Consolación del Sur y Pinar del Río y el hecho de que un contingente de tropas del ejercito español había elegido Mantua en 1870 como plaza para aclimatarse lo cual causa sensibles estragos al presupuesto local.
Finalmente, aunque no en las proporciones demandadas el 11 de Octubre de 1872, el ayuntamiento mantuano había logrado uno de sus propósitos más nobles al inaugurar los dos planteles primarios con categoría de entrada. Su primer director y maestro del plantel para varones fue Santiago García Fernández; pocas semanas después comenzó a ejercer como maestra de la escuela para féminas Isabel Agard de García.
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